El incendio de la Parroquia de San Julián (Capítulo III)
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A través de varios capítulos, la revista virtual del rinconcito cofrade expondrá un minucioso trabajo de investigación sobre el incendio que se originó en la Parroquia de San Julián. Un trabajo interesantísimo que aproximará al lector aquéllos oscuros años que marcaron un antes y un después entre las Hermandades sevillanas.
III. Reacciones al incendio
Desde un primer momento todo el vecindario quedó conmocionado por la noticia, se pudieron ver las caras de espanto, llantos y gritos de lamentación de numerosos vecinos por lo ocurrido, así como voces de condena para los autores de ese crimen contra la cultura. Era una opinión generalizada por los habitantes del barrio de San Julián, que el incendio fue provocado, así comentaban el hecho de que estuvieran apagadas las farolas, que las bocas de riego estuvieran obstruidas y se hacían eco de rumores y comentarios oídos la tarde anterior y la misma noche del incendio.
La tarde del jueves 7 de abril se celebró una ceremonia de toma de dichos en las dependencias de la parroquia y a la salida de los novios y de sus familiares y amigos, un joven que estaba en la calle dijo que sería “la última toma de dichos que habría en San Julián”
Por lo que respecta a la autoridad eclesiástica, representada en el párroco de San Julián, don Ismael Delgado Rasco, desde que fue entrevistado por los periodistas en su casa no dudó en manifestar su creencia de que el incendio fue provocado. Él personalmente se encargaba todos los días de quitar el conmutador eléctrico y declaró ante el juez que incluso las lámparas de aceite las había apagado días antes, ya que la calidad del producto era mala y en previsión de que pudiera producirse un incendio las apagó.
El párroco estuvo en un primer momento rescatando el archivo parroquial y otros enseres, pero debido a la impresión de lo sucedido tuvo que marcharse para su casa y guardar cama. Una de las primeras visitas que recibió el párroco en su casa fue la de su coadjutor y responsable de la filial de Santa Marina, don Eduardo Parada Agüera, para darle informe de los últimos trabajos efectuados por los bomberos y para pedirle permiso para comunicar la noticia al cardenal arzobispo de Sevilla, Eustaquio Ilundáin, que recibió la noticia afectadísimo, personándose en la tarde del mismo 8 de abril en el templo y viendo los destrozos en el templo.

Así quedó la parroquia de San Julián tras el incendio
Las autoridades civiles de la ciudad, representadas por don Vicente Sol Sánchez y don José González y Fernández de la Bandera, como gobernador civil y alcalde de Sevilla, respectivamente, mostraron en un primer momento, cautela ante las causas del incendio, aunque en el caso del gobernador civil, pronto dio como teoría probable la del accidente fortuito.
A las once de la mañana el señor alcalde junto con el concejal delegado de incendios, don Enrique Jiménez González, se personó en el templo y pudo comprobar los efectos producidos por el incendio, condenando el hecho y lamentando que Sevilla perdiera la riqueza indiscutible que tenía esta histórica iglesia, posteriormente pasó a la casa del cura párroco para hablar con él y preocuparse por su estado de salud. De las posibles causas, no quiso contestar a los periodistas y se limitó a decir que la justicia lo esclarecería convenientemente. El día del incendio, el gobernador civil se encontraba de viaje en Madrid y sería el señor Alejandro Maroto, secretario particular del mismo, el que diera las primeras declaraciones oficiales, manifestando que había informado puntualmente por teléfono al gobernador y que la policía se encontraba elaborando un informe, por lo que “era muy aventurado el asegurar que había sido intencionado”.

Los restos de la antigua dolorosa
Al día siguiente a este triste acontecimiento, regresa a Sevilla el gobernador, Vicente Sol, que declara que su sentimiento se une al del pueblo sevillano. Remite una información más completa a la conclusión de los distintos estudios que realizaban los técnicos y policía, aunque según palabras textuales y refiriéndose a un informe preliminar dice que “se desprende la consecuencia de que el fuego ha sido casual”. El señor gobernador aprovechando la ocasión de hacer estas manifestaciones a los periodistas, comenta que va a tomar medidas legales en contra del periódico La Unión, por su campaña parcial para “combatir políticamente al régimen”, pidiendo al fiscal general de la República que actuara.
Pocos días después fue requisada la tirada del periódico, sobre todo por el artículo de opinión titulado “A pesar de los pesares”, dentro de la sección “Retablo político”, publicado el día 9 de abril de 1932. Días después del incendio el gobernador había ordenado al ingeniero jefe industrial de la provincia, al jefe de bomberos, arquitecto municipal e ingeniero del servicio de aguas, que efectuasen respectivos informes para esclarecer los hechos y contestó que se había comprobado como tan sólo había una farola apagada la noche del incendio, así como que las bocas de riego no estaban obstruidas como se había publicado en los medios de comunicación. También dijo que la instalación eléctrica de San Julián se encontraba en un estado pésimo, con los hilos que colgaban de las vigas, sujetas con clavos y sin aisladores.
La misma tarde del incendio, en unos de los pasillos del Congreso de los Diputados, donde se estaba discutiendo el estatuto de autonomía de Cataluña, los periodistas le preguntan a don Manuel Azaña Díaz, presidente del gobierno, sobre el suceso del incendio de la parroquia de San Julián, a lo que responde que “hay pruebas suficientes que permiten asegurar que el incendio de la parroquia de San Julián, de Sevilla, ha sido puramente casual.” La repercusión como podemos apreciar fue grande no sólo en la ciudad sino en el resto del país.
Para continuar con las reacciones al incendio de San Julián no podemos dejar de referir el polémico y bronco pleno del Ayuntamiento de Sevilla el sábado 16 de abril de 1932, cuando interviene el señor Blázquez Bores, del partido de concentración monárquica, y lamenta el incidente ocurrido en San Julián, manifestando su más enérgica protesta en caso de que se demostrara su intencionalidad, pidiendo también que el Ayuntamiento tomara un acuerdo en este sentido, siguiendo el deseo de la mayoría de los sevillanos. Interviene en esos momentos el señor Carretero Rodríguez, de partido socialista, y dice que el Ayuntamiento no puede tomar acuerdos, pues el hecho ha sido casual, y así lo confirmaron las autoridades, siendo obra de “comadronas y chismorreo callejero todo comentario en otro sentido”.
Se continúa el pleno alegándose, por parte del señor Blázquez Bores, que también las Academias han protestado por el incendio, a lo que el señor Carretero Rodríguez contesta que “las Academias están llenas de cavernícolas y de idiotas”. Sale al paso de estas declaraciones el señor Beca Mateos, también del partido de concentración monárquica, que increpa al señor Carretero, diciéndole que “las Academias son tan respetables como su señoría”. También interviene el señor Bermudo Barrera, del partido de concentración monárquica, que comenta como ha enviado al señor presidente del gobierno de la República, un telegrama de protesta ya que tiene la presunción de que fue intencionado. Recrimina al señor Carretero, los insultos que había proferido anteriormente y le exige respeto y consideración a los presentes.
El señor alcalde que se había ausentado unos minutos, vuelve a la presidencia del pleno, y toma la palabra diciendo que el señor Blázquez Bores tan sólo debería haber lamentado el siniestro pero la protesta no cabía. Finalmente éste comenta que su protesta es tan sólo en caso de que se demuestre la premeditación del hecho y el alcalde le contesta que se está investigando pero que hasta el momento se cree que es casual. El tono empleado por unos y otros concejales es violento y tenso, en relación al tema del incendio y cuando el señor Fernández Egocheaga, del partido socialista entra en el debate, el escándalo en la sala es tremendo, ya que dice que “nadie que ame a la República ha podido ir a incendiar el templo”, rematando la frase diciendo que “si alguna mano ha incendiado la iglesia, han sido manos clericales”. El revuelo es tal que la policía tiene que expulsar de la sala al público y el alcalde no puede callar a los concejales que están enfrentándose con protestas y quejas muy enérgicas.
Fueron numerosísimas las muestras de condena y lamento por el incendio de San Julián, por parte de partidos políticos, instituciones y particulares. El mundo del arte en nuestra ciudad siempre estuvo en la creencia de que el fuego había sido intencionado y pidió que se encontraran a los responsables. Hubo numerosas muestras de apoyo a la Hermandad y de iniciativas para reconstruir el patrimonio de la misma, principalmente en el caso de las imágenes titulares.
Para finalizar con las reacciones citaremos las de los hermanos de la Hiniesta y de la actitud que tomó la Hermandad ante esta adversidad. Desde un principio la desolación, como es lógico, fue muy grande entre los componentes de la Hermandad, así el señor Carrasquilla Rodríguez, consiliario de la Hermandad entre sollozos comentaba la catástrofe tan grande que se había producido. Ante las preguntas de los periodistas no podía casi hablar, puesto que una y otra vez volvía a llorar.
También pensaba que todos los indicios hacían pensar que fue provocado a pesar de no tener ninguna amenaza por parte de nadie, “éramos pocos hermanos, pero bien avenidos, y todos enamorados de su Hermandad”.

En portada la imagen de la Hiniesta en el periódico "La Unión"
El señor Hevia, fiscal de la Hermandad decía muy gráficamente que “aún estoy atontado”. También casi sin poder articular palabras, no sabía que pensar, aunque parecía que si había sido intencionado. El señor Hevia comentó a los periodistas que cuando comenzó la época de la quema de conventos, propuso en cabildo de oficiales a sus compañeros de la Junta de Gobierno, repartirse los enseres de mérito para guardarlos y vigilarlos más de cerca. Esta propuesta tuvo aceptación incluso por el cura párroco, aunque le pareció excesivo el sacar las imágenes titulares de la iglesia, cosa que también propuso y finalmente se desestimó la propuesta.
La misma tarde del incendio, a las cinco de la tarde se reunió la Junta de Gobierno en el convento de San Cayetano para tratar la situación en que se quedaba la Hermandad.
El lunes 11 de abril la Junta de Gobierno visitó al cardenal para comunicarle los acuerdos del cabildo de oficiales, así se le comentó que se había salvado el simpecado granate, bordado en oro con la imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta, y se colocaría en un altar para recibir solemnes cultos, mientras se hacía una nueva imagen dolorosa.La Hermandad había pensado en hacer una suscripción pública para reconstruir pasos y enseres y tenía pensado guardar la imagen carbonizada de la Virgen de la Hiniesta como una reliquia en la Sala Sacramental.
Texto original: Emilo José Balbuena Arriola
Foto cabecera: Pasionensevilla
Fotografías: Fototeca Municipal y fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla






